Skip to content

Hermanos humanos, ¿en qué nos está convirtiendo Twitter?

[Best of 2010 - Artículo publicado originalmente el 27/09/2010] El fenómeno Twitter es en Francia, como en otros países, una “experiencia” practicada sobre todo por blogueros y periodistas. Presentada al principio como una aplicación de información, Twitter está cambiando la web –que se convierte en "tiempo real"– como a los internautas que la utilizan. En este artículo, el periodista francés Jean-Christophe Féraud explica cómo Twitter ha remplazado su realidad y se ha convertido en el centro de su vida… Tan virtual como real. ¡Pero atención, no se trata de ninguna película!

El replicante Roy interpretado por Rutger Hauer en Blade Runner

“A fuerza de vida irreal, quizás un día digamos a la gente IRL (In Real Life): he visto tantas cosas que vosotros, los humanos, nunca podréis ver”… Esta semana he “twitteado” en dos ocasiones esta reflexión personal inspirada en la escena final de la película Blade Runner. Y ha hecho que germine la idea y las ganas de escribir este artículo: “Me encanta repetirme en el ruido de nuestros gorjeos, predicar a Philip K. Dick en el desierto confuso de la twittosfera”.

¿Predicar? Sí, por qué no. Y es que, hermanos humanos, cada vez me pregunto más a menudo: pero, ¿qué está haciendo Twitter de nosotros? Quizás “replicantes” digitales… Como un médium esbozando uno de nuestros posibles futuros en sus libros ucrónicos, el genial Philip K. Dick ya lo predijo en “¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?“, la magnífica novela de ciencia ficción que sirvió de base para el guión del Blade Runner de Ridley Scott: un día, sin duda nos será imposible distinguir al hombre de la máquina, a los seres reales de sus simulacros.

Este día quizás ha llegado en el año de gracia de 2010: el año en el que Internet en tiempo real ha empezado a perseguirnos por todas partes, en todas nuestras pantallas, convirtiéndonos en mutantes conectados permanentemente. Abro mis ojos cansados por estos días y noches online y pienso que nosotros, adeptos fanáticos de la red “social” Twitter, nos estamos quizás confundiendo con nuestros avatares, nuestras identidades digitales en este mundo paralelo. Twitter ocupa cada vez más y más espacio en nuestras vidas, hasta volvernos ausentes de lo real, de nosotros mismos. Mírate, míranos, hipnotizados ante el río de palabras, de informaciones, de pensamientos y de emociones que desfilan por nuestras pantallas táctiles.

Lo único que nos obsesiona es: ¿qué estará pasando en este momento allí, en la “twittosfera”? ¿Qué estarán contando?, ¿cuál será la story, el LOL del día? ¿Me habrán citado? ¿Relanzado por este artículo, ese vínculo inédito o por aquella agudeza? ¿Habré recibido DM, esos mensajes privados que nos acercan a los twitteraddicts (odio este anglicismo algo vulgar del término “twitteros”)? Mierda, voy a tener que recuperar 6 horas de time line para asegurarme de no haberme perdido algo…

Andamos por la calle o cogemos el metro sin ver a la gente; en casa, vemos películas con la familia sin estar allí, con aspecto ausente o con los ojos pegados al iPhone; hablamos menos con la gente que nos quiere aún de verdad, que está a nuestro lado, para tejer extraños vínculos amistosos, incluso amorosos, con desconocidos que se convierten en muy próximos; en la oficina, los verdaderos colegas no están a nuestro alrededor, en el open space, sino en el Tweetdeck abierto permanentemente en la pantalla de nuestros puestos de trabajo…

Ya aludí a mi adicción, la nuestra, en esta entrevista: “Twitter es una droga dura para los periodistas [en francés] y también en este artículo “To be or not to be a tweet”journalist [en francés]. Pero hace seis meses, un año, una eternidad a escala de nuestro mundo de micro-blogging, aún concebía este uso compulsivo de los mensajes de 140 caracteres únicamente como herramienta profesional. Nunca hubiera pensado que iba a sumergirme hasta este punto en los limbos virtuales de la “twittrealidad”.

Al alba, mientras aún sale el café, enciendo el ordenador y vuestros gorjeos me dan la bienvenida. Yo digo “Buenos días Twitterland” y comienzo a tweetear mi revista de prensa, mis vínculos –a saber de qué estará hecho mi día de periodista. Pero lo más importante, lo más tranquilizador quizás, es que todos vosotros estáis ahí. Como todas las mañanas. Vosotros, los centinelas infatigables y compulsivos, los colegas y amigos, los “LOLeros”, los pájaros de la noche y los incansables patrulleros de la Web.

Me gusta leer vuestros pensamientos en 140 caracteres, me gustan vuestras palabras, esos fragmentos de experiencia y de humanidad me acompañan de día y de noche… pero también me alejan de la verdadera vida. Aunque a veces nos encontremos IRL. Y hagamos verdaderos encuentros profesionales y humanos.

Así que regularmente, intento desconectar, sin gran éxito. “Twitter es como el crack, y esto es lo que me asusta [en inglés] escribió un bloguero del New York Times. Es la verdad. Todos vosotros, los twitteraddicts, habéis probado y adoptado esta droga de la conexión permanente real time¿Y después de todo, por qué resistirse a esta formidable experiencia virtual? Es fascinante construir otra realidad, un mundo paralelo que paradójicamente está en conexión con lo real, y desde lo alto del cual observamos la actualidad en movimiento, las pequeñas y grandes historias que se van formando. Y además, el otro día en Twitter caí en lo siguiente: “Pero es por esto por lo que escribo bajo un pseudónimo, ¡él es real, yo no! Lo que digo aquí es, no obstante, la realidad”.

¿Dónde está la vida verdadera? Irreal y IRL (juego de palabras basado en la pronunciación en francés de estos dos términos, NdE)… Las dos realidades se confunden y se superponen cada vez más de forma inextricable. Quizás simplemente seamos transhumanos, y nos estemos fusionando con la red gracias a nuestros pseudópodos digitales –smartphones, tabletas y demás laptops– que se convierten en una prolongación de nosotros mismos.

Y si Philip K. Dick lo predijo hace más de 40 años, otro vidente extra-lúcido, Michel Houellebecq [NdE: novelista francés], del cual estoy leyendo en este momento “Mapa y territorio”, lo constata clínicamente y sin afecto actualmente: “Mientras que las especies animales más insignificantes tardan miles, a veces millones de años en desaparecer, los productos manufacturados son borrados del globo en algunos días. A nosotros también nos afectará la obsolescencia”.

Quizás estemos simplemente mutando, evolucionando para acompañar la gran revolución digital. Para que no nos afecte la obsolescencia. Para sobrevivir. Sin convertirnos en máquinas, ni renunciar sin embargo a nuestra humanidad. De la misma manera que Roy, el replicante Nexus de Blade Runner, intentaba desesperadamente ser humano, nosotros intentamos establecer en Twitter y en otros lugares una conexión intuitiva neuronal y casi biológica con Internet.

Este organismo vivo en el que se está convirtiendo el World Wide Web, transformando el mundo en un pueblo global digital, inundándolo de una multitud de datos digitalizados como un corazón que impulsa un fluido vital a través de una inmensa red sanguínea hecha de cobre y de fibra óptica… (buscad el auto-plagio)

Para terminar este artículo algo delirante, no me resisto al placer de ofreceros la escena final de Blade Runner. Roy, el replicante que quería ser un hombre: “He visto tantas cosas que vosotros, los humanos, no podríais creer, grandes naves en llamas surgiendo más allá del hombro de Orion…”.


Si ve algún error de traducción en este artículo, envíenos sus comentarios a eblogs-feedback@wikio.com
Tags :
Wikio

Los comentarios para este billete han sido cerrados...